Gran Delegación Regional de Cochabamba

julio 13, 2015

Solsticio de Invierno 2015

A.·. L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.

S.·. F.·. U.·.

Autor: Ex V.·. M.·. Arturo Echeverria Z.

INTRODUCCION

Los solsticios son el resultado astronómico del movimiento de la Tierra en torno al Sol y de una característica particular que tiene nuestro planeta: la inclinación de su eje de rotación con relación al plano de la órbita, que es de aproximadamente 23°26’14”. Debido a esta inclinación, durante seis meses la Tierra presenta al Sol su hemisferio sur, y en los otros seis meses siguientes, su hemisferio norte. Para nosotros, como observadores en la superficie del planeta, se presenta un movimiento aparente de desplazamiento paulatino del astro, que partiendo el 22 de diciembre avanza hacia el norte, atravesando la línea del ecuador terrestre entre el 21 y el 22 de marzo, hasta llegar a su máximo alejamiento del hemisferio sur, cosa que acontece la noche del 21 al 22 de Junio, momento en el que alcanza a situarse sobre el paralelo 23°26’14” Norte. Este paralelo  recibe el nombre de “Trópico de Cáncer”. En una traducción libre, la palabra “Trópico”, de raíz griega, significa “lugar de cambio de dirección” o “punto de retorno”. El momento en el que el sol, aparentemente, toca la línea tropical y detiene su curso hacia el norte, es denominado por nosotros Solsticio de Invierno. A partir de ese momento, el sol, aparentemente, retorna hacia nuestro hemisferio, al que entra entre el 22 y el 23 de Septiembre.

A raíz de este comportamiento planetario, la superficie de la Tierra recibe cantidades de energía que varían con la época. En verano, con el astro en nuestro hemisferio, los rayos del sol se concentran sobre una superficie más pequeña, al tiempo que al medio día ocasionan sombras cortas. La tierra se calienta más y transmite parte del calor a la atmósfera. En invierno, con el sol en una posición más cercana al horizonte, los rayos oblicuos se dispersan en superficies mayores, calentando menos la tierra y el aire, Es el tiempo de las sombras largas.

La vida en nuestro planeta depende de la energía radiante que produce el sol y la envía hacia nuestra biósfera. Los vegetales verdes usan la energía solar para sintetizar materia orgánica a partir del anhídrido carbónico de la atmósfera y del agua que absorben del suelo junto con algunas sales minerales disueltas.  Eso es todo: gas, agua y luz solar. De eso estamos hechos todos los seres vivos, nosotros y nuestros alimentos. Absolutamente toda la vida depende del reino vegetal y su capacidad de usar la energía solar.

DESARROLLO DEL TEMA

El movimiento aparente del sol establece ciclos vitales que afectan principalmente a los vegetales verdes. La primavera es la época del nacimiento, o renacimiento, de las plantas….entre el verano y el otoño ellas producen los frutos y semillas, y en invierno entran en un descanso que dura hasta la siguiente primavera. El clima también sigue ciclos de agradables temperaturas, intensos calores y fríos a veces difíciles de soportar. Los momentos buenos y productivos son los que cuentan con el sol cercano al cenit. Los momentos de frío, las noches largas y la escasez de alimentos ocurren cuando el sol está lejos, como queriendo hundirse en el horizonte boreal.

Las antiguas comunidades de seres humanos dependían totalmente de los ciclos solares, teniendo pocos elementos que pudieran asegurarles un buen pasar en las largas y frías jornadas invernales, motivo por el cual se despertaba el regocijo cuando se observaba que el astro había llegado al trópico opuesto, que ya no seguiría alejándose y que volvería para participar en el renacimiento de la naturaleza, trayendo calor, días más largos y noches más cortas y menos frías. Se celebraba en la cuenca del mar Mediterráneo, en la del golfo de México, entre los maoríes de Nueva Zelanda, en nuestro continente…..en fin, en todo el mundo.

Parte de nuestra vivencia son las celebraciones del Solsticio en Tiahuanaco, denominada Willka Kuti por los aimaras bolivianos, que marca a la vez el inicio del nuevo año para las culturas andinas y amazónicas. Este año hemos entrado, si no estoy equivocado, al 5523, según la cultura aimara. En las ciudades y como producto de nuestra herencia colonial, se celebra la Noche de San Juan en un ambiente familiar y social más o menos informal, pero cargado de mucha alegría. Es interesante notar que en esa noche, considerada como la más fría del año, las fogatas y el alcohol sirven para ayudar a soportar las bajas temperaturas, y ambos, fuego y alcohol, se originan en carbohidratos: celulosa y almidón, que son formas concentradas de la energía solar, producidas por los seres vegetales.

En el Perú, la herencia incaica se manifiesta en la fiesta del Inti Raymi. Para esta cultura, el Sol representaba a la deidad mayor y parte del ceremonial consistía en tratar de amarrar al sol y a la tierra en los intihuatanas, altares de los cuales, gracias a la intervención de la iglesia conquistadora, queda solo uno, en Macchu Picchu, la ciudad perdida en los Andes.

Un tanto más al Sur, las comunidades mapuches celebran su año nuevo en la  “nueva salida del sol”, en mapugundún: We Tripantu. En esta ocasión, la familia permanece toda la noche  en vela, esperando la salida del sol para darle la bienvenida.

En el hemisferio norte las celebraciones se realizan en su propio solsticio de invierno, a seis meses del nuestro. Los Sami lo hacen en la península escandinava, los Kalash en Pakistán. En la antigua Persia nacía Mitra durante el solsticio de invierno.  Esta era una fiesta Dogón en Mali y Celta en las islas británicas. Cabe preguntarse si esta dispersión mundial de la celebración del solsticio de invierno en la antigüedad no habría tenido un origen único.

EL SOLSTICIO PARA LA MASONERÍA

En nuestra Augusta Orden, todo lo que consideramos tiene una interpretación simbólica y moral.  El símbolo es el idioma de la pluriculturalidad y universalidad de la masonería. El símbolo no necesita de un idioma para ser entendido, ni requiere de un diploma académico para dejar una impresión en el espíritu. El símbolo se transforma en un vehículo y una herramienta para los fines de la masonería. Y nuestro campo de trabajo es, naturalmente, el moral.

En efecto, nuestra Augusta Orden es el lugar en el que se dan las condiciones que permiten al hombre común, sano y de buenas costumbres, estudiarse a si mismo y a las circunstancias que le rodean, con el único y suficiente motivo de aprender a relacionarse con las demás personas. Este relacionamiento no será a nivel religioso, ni político, ni económico, ya que estas actividades llevan una carga de fanatismo, ambición y egoísmo tales de que están reñidas con los conceptos de integridad y espíritu de servicio, de respeto y tolerancia que debe albergar el hombre para formar parte de una sociedad donde primen la libertad, la igualdad y la fraternidad. El hombre debe trabajar en mejorar su capacidad de relacionamiento con sus semejantes en el ámbito social. Allá donde las costumbres, las buenas costumbres, las que traen seguridad, tranquilidad y felicidad deben ser practicadas y respetadas.

Nuestra Orden adoptó el lema “POR EL FUEGO SE RENUEVA ÍNTEGRAMENTE LA NATURALEZA”. Es claro que no nos referimos con este lema a las cualidades destructivas del fuego, que como fenómeno físico puede destruir gérmenes mortales y desechos orgánicos potencialmente peligrosos. Tampoco estamos dedicados los masones al estudio material de la naturaleza.  La naturaleza que nos interesa es la NATURALEZA HUMANA. Queremos que el hombre aprenda a perfeccionarse a sí mismo, hasta llegar a ser un ser espiritualmente superior. Y el fuego que se puede usar para este fin, el FUEGO SAGRADO, no es otra cosa que el AMOR, en cuanto sentimiento de connotación divina y universal.

En este escenario de la actividad masónica, el simbolismo del Solsticio de Invierno cobra plena vigencia, si consideramos que nuestra sociedad está sumergida en el frio y la obscuridad de las relaciones humanas, en las que el fanatismo político-religioso se expresa con crueles asesinatos y matanzas, levantando banderas de guerra. Vivimos en días en los que fríos modelos económicos hacen a los pobres aún más pobres; en momentos en los que los servidores públicos entienden que servirse a sí mismos les es más provechoso que servir a los demás; días en los que la ley no se cumple, sino que se negocia o se somete al Poder Instituido; en fin… vivimos  días en los que salir a la calle se transforma en turismo aventura con riesgo vital.

El AMOR, ese FUEGO SAGRADO capaz de alimentar el espíritu humano se aleja cada día un poco mas de nuestro entorno, dejándonos sumidos en un horrendo invierno social.

Así, en el momento que avizoremos el solsticio espiritual, cuando veamos que el FUEGO SAGRADO detiene su alejamiento de la humanidad, renacerá nuestra esperanza, festejaremos el retorno de la luz y el calor, de la sabiduría y la fraternidad, encenderemos hogueras para celebrar el retorno de nuestro sol espiritual, esas hogueras serán encendidas en nuestros pechos de masones, como son encendidas las fogatas de San Juan.

 

CONCLUSIONES

La celebración masónica del Solsticio de Invierno es una más de las lecciones perfectas con las que nuestra Augusta Orden nos induce a reflexionar sobre el por qué y el para qué de nuestros trabajos. La Masonería debe hacerse hoy….y debe hacerse aquí.

Nuestra sociedad tiene necesidades concretas, que deben ser estudiadas y evaluadas, los trabajos en nuestras logias tienen que estar dirigidos a que los hermanos entiendan el mundo que les rodea y se preparen para intervenir con sabiduría y espíritu constructor en él, siempre en el ámbito de las relaciones humanas. El Masón Cochabambino debe dejar los fantasmas en el pasado: la historia instruye, pero no construye. El Masón Cochabambino debe mirar al futuro, buscando qué hacer y donde hacerlo. El con qué hacer….que lo busque en su interior, allá debe estar ya una chispita del FUEGO SAGRADO, anunciando el retorno de la LUZ.

He cumplido, QQ:. HH:.

M:. M:. Arturo Echeverría Zenteno

Junio de 2015 e.·.v.·.

1er Grado